|
José Ramón, Felipe Antonio, José Manuel, Antonio, José Antonio, Javier, Jesús Mariano, José María, Juan Ignacio, Ignacio, Manuel, Santiago, David, Antonio, David, Sergio, Mario, David, Godofredo, Joaquín, Francisco, Pedro, Emilio, José Ignacio, Francisco Javier, Eduardo, José María, Juan José, César, Juan Carlos, Miguel Ángel, José Manuel, Miguel Ángel, José Luís, Ismael Hipólito, Rafael, Francisco, Alberto Antonio, Blas, Iñigo, Juan Antonio, Sergio, Francisco Javier, Juan Ramón, Miguel, David, Eduardo, Juan Jesús, José Gabino, Francisco José, Fernando, Feliciano, Vicente, Iván Jesús, Juan Carlos, José Ignacio, Javier, José Israel, David, Edgar, Miguel Ángel, y Carlos.
No son sólo nombres, eran 62 jóvenes con los que dejamos de compartir nuestras ilusiones, hace justo, mañana, cuatro años. Se cumple el cuarto aniversario de la mayor tragedia en la historia reciente del Ejército, por todos conocida con el maldito Yak-42. Cuánto tiempo ha pasado pensarán algunos, sin embargo para cada uno de nosotros que compartimos nuestras vidas, con cada uno de estos 62 hombres, nos parece que escenas como las del Funeral de Torrejón con los Reyes, sucedieron hace pocas semanas. Aún no podemos asimilar que un día nos despidiésemos de ellos, para nunca más volverlos a ver. No creemos que después de 130 días de tensa espera, y a su regreso de un país en conflicto como Afganistán, en el día de euforia y alegría por su retorno, en el que imaginábamos y saboreábamos nuestros reencuentros, se convirtiese en el peor día de toda nuestra vida, aquel lunes negro del 26 de mayo de 2003.
Muchos, cuatro años después confiamos, en un reencuentro inexistente, en que todo haya sido un mal sueño del que aún nos podamos despertar, deseamos con toda nuestra fuerza abrazarlos para nunca más soltarles.
Puede que parte de nuestro dolor, se mitigaría con la satisfacción de conocer la verdad de manos de la Justicia, palabra que, desde que me quedé huérfano con 15 años aún no sé significar.
Hoy sólo nos queda pedir que, no tengan que pasar otros cuatro años para que veamos la luz al final de esta pesadilla, que nunca debió comenzar, y que las personas que tienen en su poder decisiones que afectan a esos 62 nombres, no alarguen innecesariamente nuestra agonía. Por la memoria de los que no están.
(*) Diego Manuel Novo Menéndez es hijo del Comandante Antonio Novo Ferreiro.
|